La maternidad llega como una experiencia transformadora que conlleva sus retos, sus confrontaciones, y nos pide abrirnos a espacios internos hasta el momento desconocidos.
Si a esto sumamos la presión y exigencia socioeconómica de desarrollarnos con éxito profesionalmente (y en otros ámbitos) a la par que maternamos y cuidamos a nuestrxs hijxs y familias, la maternidad puede convertirse en una experiencia absolutamente abrumadora.